Cadáver exquisito, un ejemplo
Yo cómo llegué acá
El año pasado (2025) fui con mi buena amiga Wendy a un taller de escritura creativa en la universidad. A mí que me gusta la escritura y vea: primera vez yendo conscientemente a algo así.
Nos sentamos en una terraza del bloque 38 y nos comimos una galleta de, si no estoy mal, limón con algo más. Mientras esperábamos que llegara más gente, el clima dijo «Qué tal, acá no me escriben nada», y se largó a llover. Tuvimos que entrar a una salita, reservada para los profesores de cátedra (van por el mundo sin un hogar), y acomodarnos a como diera lugar.
Al rato llegaron otros estudiantes y el practicante de Bienestar Universitario, que organizaba la sesión, sacó un parlante inalámbrico para ambientar, y nos pasó unas hojitas. De unos 20 centímetros de ancho por 50 de largo, las hojitas tenían un fondo del Münchner Neueste Nachrichten y la siguiente frase arriba:
“El cadáver exquisito beberá del vino nuevo”
La técnica
Había escuchado de esta técnica por una famosa historia de unos poetas hace un siglo o dos. ¿Pero en realidad sabía qué haríamos? ¿Y entonces solo íbamos a hacer un poema? ¿Cómo era la vuelta?
Resulta que, al menos en esta variante del llamémoslo juego, las hojas iban pasando de una persona para que escribieran una línea. Esta línea venía inspirada por una sugerencia tipo «una sensación física» o «algo contradictorio» y así. Las hojas se doblaban de tal forma que la persona no viera la línea inmediatamente anterior. En su lugar, uno le decía la última palabra de la línea cuando le pasaba el papelito. Así que, claro, sabía más o menos de qué iba el poema, pero le faltaba muchísimo contexto.
En total habremos escrito unos 10 poemas. Al final los leímos en voz alta, cada uno leyó el que tenía en ese momento, que no necesariamente era el que comenzó. Yo tuve la suerte de que me tocó el que más nos gustó y el que más coherencia, estuvimos de acuerdo, tuvo. Yo quisiera creer que la lectura en voz alta que hice les gustó porque «sé leer poemas», pero, si eso influyó en algo, solo fue un factor que endulzó el poemita.
El cadáver exquisito
Y así, sin más chachará, esta es una transcripción, ojalá fidedigna porque algunos escribían con una letra difícil de entender, pero con cierta libertad creativa mía en la puntuación y en cómo doblar las líneas, del poema de aquel 21 de octubre:
Un afán me corre como un río.
Por dentro tengo miedo, pero la fe me curará la herida.
Heridas, que traen recuerdos,
Que emergen como agua de manantial.
Mis lágrimas caen como el agua al llover
pues las hojas eran música acústica
para no dejar a las ideas caer.
Caigo a lo más alto y me levanto en lo más bajo:
¿Podrá mi verdad encontrar en donde encajo?
El original
Incluyo, por completidud, una fotografía (¡que no tomé yo!) del poema.
Una coincidencia increíble
Esta entrada la publiqué a eso del mediodía. Se la compartí a EMB diciéndole que deberíamos hacer cadáver exquisito. A los 4 minutos me escribió: Ella estuvo en esa sesión de escritura.
Mi reacción inicial fue de asombro y solo aumentó a medida que me describía detalles específicos que encajaban perfectamente.
OARC también estuvo en esa sesión. EMB no se presentó y creo que OARC tampoco lo hizo.
Yo lo único que recuerdo es que sí había una chica a mi derecha, algo tímida — pensé yo — o indiferente — dijo ella —, a la que yo debía pasarle mi papelito hasta que llegó un chico tarde, lo que nos dañó la secuencia.
En fin, estoy impresionado de esa coincidencia. Justo por estos días me preguntaba a quiénes habré conocido antes, quizá en un evento en el que solo nos veamos o compartamos espacio, y que ahora sí conozco.
Ahora sé una de las respuestas :)
Correcciones
- La versión inicial de este artículo decía que el papelito se doblaba de forma que la persona que seguía solo viera la línea anterior. Como me comentó Wendy después de leer el artículo, en realidad no se veía la línea anterior, sino que uno le decía la última palabra al que seguía.